Armas: Opinión de Juan Carlos Sánchez Magallán

El Día Mundial de la Destrucción de Armas de Fuego existe desde el año 2001, declarado por la Organización de las Naciones Unidas; conmemoración que invita a todas las naciones a llevar a cabo la destrucción masiva de armas, con el propósito de recordarle a los gobiernos que se evite la pérdida de vidas humanas o se cometan agravios que constituyan violaciones a los derechos humanos, lo que, simbólicamente, se realiza con la destrucción de las armas obsoletas, las requisadas por la justicia y otras que están fuera de circulación, lo que es lo mismo a casi nada.

Ciertamente, son los Estados Unidos de Norteamérica, China y Rusia los mayores productores de armas en el mundo, según un informe difundido por el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI).

Sólo el vecino país del norte acapara más de la mitad del comercio mundial de armamento. Este mismo estudio indica que los principales compradores regionales son países de Asia y Oceanía; entre ellos, India, Australia, Corea del Sur y Vietnam, con un 40% del total de las importaciones mundiales de armas entre 2014 y 2018.

Efectivamente, Estados Unidos, Rusia, Francia, Alemania y China son quienes exportan el 75% de las armas en el mundo de manera indiscriminada y sin control alguno, así, producen armas, municiones y otros artículos militares para las fuerzas armadas de los gobiernos y los civiles. Los departamentos gubernamentales también operan en esta industria, comprando y vendiendo armas, municiones y otros artículos militares. Un arsenal es el lugar donde se fabrican, mantienen y reparan, almacenan o expiden armas y municiones, ya sean de propiedad privada o pública, en cualquier combinación, los productos de la industria armamentista incluyen armas de artillería, municiones, misiles, aviones militares, vehículos militares, barcos, sistemas electrónicos, dispositivos de visión nocturna, visores holográficos, telémetros láser, granadas de mano, minas terrestres y, por supuesto, proporcionan todo tipo de apoyo logístico y operacional, “paquete completo” para quien así lo requiera.

En el ranking de las empresas de armamento, elaborado por Stock Holm Internacional Peace Research Institute (SIPRI), la más importante en ventas es la Lockheed Martin, que en 2016 contabilizó ventas por 47.2 mil millones de dólares (MMD), sucesivamente siguieron The Boeing Company, con ventas por un monto de 29.5 (MMD); RayTheon, con 29.9 (MMD); BAE Systems, con 22.8 (MMD), y el quinto lugar fue Norsthop Grumman Corporation, con ventas por 21 (MMD). El estudio dio cuenta de las 100 empresas multinacionales en el mundo que facturan miles de millones de dólares por concepto de la venta de instrumentos de guerra que son fabricados para asesinar gente.

Para tratar de evitar su proliferación, existe el tratado sobre el comercio de armas desde hace cinco años, sin embargo, el comercio mundial de armamento continúa en aumento.

El tratado sobre el comercio de armas se firmó en 2013, adquiriendo vigor en 2014 para prohibir y detener la transferencia internacional entre estados de armas, municiones y material conexo, cuando se sepa que pueden utilizarse para cometer o facilitar genocidios, crímenes de “lesa humanidad” o de guerra.

Cada año realizan una evaluación para analizar si existe un riesgo “preponderante” de que esas potenciales exportaciones de armamento faciliten la comisión de violaciones graves al derecho internacional humanitario y al derecho internacional de los derechos humanos.

Resulta, entonces, que la guerra entre Rusia y Ucrania es un campo experimental para que todas estas empresas multinacionales, auspiciadas por los gobiernos hegemónicos, impulsen y experimenten sus armas de guerra, sacrificando a miles de personas. ¿O no, estimado lector?

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