Ayudan a Don Goyo, abuelito que cortaba caña para mantenerse

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Noticia

Su historia fue compartida en Facebook por Karla Patricia Obil Mayoral; vivía entre escombros, un colchón viejo, heces de gallinas y hasta ratas

Tiene 94 años. Su cuerpo encorvado refleja el paso del tiempo. El rostro de Don Goyo luce algo castigado por el Sol producto de esos eternos jornales en los cañaverales del municipio Ángel R. Cabada, en Veracruz. A su edad, sigue empuñando con fuerza su machete para cortar caña, para vivir, para poder comer.

La historia de Don Goyo la compartió Karla Patricia Obil Mayoral en su cuenta de Facebook. Quedó marcado el 18 de marzo en su muro. De entre el cañaveral apareció con su gorra de los Vaqueros de Dallas un señor de edad avanzada…

Se le notaba cansado. Tenía las manos hinchadas y cubiertas de tierra y los pies descalzos.

Karla le ofreció un vaso de refresco a este hombre que hacía una comida al día. Le contó que tenía hijos, pero ya habían hecho su vida y se encontraban muy lejos. Así que tenía que trabajar.

A seis años de cumplir el siglo de edad, a Don Goyo lo “mueve” al hablar de su familia. En casa no hay alguien con quien conversar. Ahí le esperan su fiel “Chocolate”, un perro criollo, y unas gallinas.

POR DON GOYO…

Karla Patricia emprendió una campaña para solicitar apoyo para Don Goyo. Al día de compartir la historia le hicieron llegar una despensa y cien pesos. Algunos medios publicaron la realidad de un hombre que a su edad debería tener otro presente.

Entre escombros, un colchón viejo, heces de gallinas y hasta ratas, Don Goyo pasaba los días, que terminaban con la luz de día, porque nomás oscurecía y se resguardaba. No cuenta con energía eléctrica la casita que tiene en la calle Miguel Hidalgo, esquina Reforma, ahí “por la tienda de ‘Memo’, donde está un árbol de mango”.

Hasta ahí llegó Karla con el pastel que le preparó su tía a Don Goyo y el almuerzo. Y así como Karla, se unieron voluntarios…

De todo ha dado testimonio esta joven estudiante de la UGM Norte Campus San Andrés. Agradeció al “señor Williams y sus ayudantes por aportar su granito de arena” y darle una manita de gato a la casa de Don Goyo.

LA SONRISA DE DON GOYO

De ese hombre con el que se topó Karla el 18 de marzo, prevalece su eterna sonrisa y su gratitud. Un revulsivo resultaron las visitas de varias personas para Don Goyo. Hay risas, más de una comida al día, alimento para las gallinas y hasta croquetas para el fiel “Chocolate”.

La casa de Don Goyo se transformó: la pintaron, le hicieron algunos arreglos a la fachada y también en su interior… aún faltan muchas cosas, lo más importante, garantizar la estabilidad económica de este hombre de 94 años.

Qué no tenga que seguir pensando Don Goyo que tiene que trabajar, porque si no lo hace, no comen ni él ni sus animalitos. En Karla hay agradecimiento por la ayuda y satisfacción de que unidos se pueden cambiar historias.

Excélsior

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