Crisis: Opinión de Juan Carlos Sánchez Magallán

Una crisis alimentaria mundial se está generando por dos motivos: la salinización de los suelos sigue siendo el mayor problema para la producción agrícola, de ello depende la seguridad alimentaria y sostenibilidad de la humanidad, pues se estima que 8.7% de los suelos del planeta están afectados por la salinidad, perdiéndose hasta 1.5 millones de hectáreas agrícolas al año, de esta manera, la despensa mundial se ve seriamente amenazada, a esto agreguemos la interrupción de las cadenas de suministro a causa de la pandemia, los efectos del cambio climático y el actual conflicto Rusia-Ucrania, que impiden la dinámica física y logística del mercado, sobre todo en la región del Mar Negro, ruta clave para el traslado de trigo, cereales y aceite de girasol, sobre todo para las regiones del Oriente Medio y el norte de África. Los analistas refieren que una especie de solución alterna la representan los países productores-exportadores de alimentos, capaces de alimentar al resto del mundo, pero ciertamente 23 de ellos declararon ya, severas restricciones a sus exportaciones, llegando a las prohibiciones absolutas a causa de los fenómenos climáticos extremos.

India es un ejemplo de esto, al ser la última esperanza para la estabilidad del mercado del trigo, informó el analista Eugenio Dacrema, del Programa Mundial de Alimentos, pero prohibió casi por completo las exportaciones de su país para “no tener problemas de hambre” con su población.

La ONU informó que varias decenas de millones de personas con motivo de la guerra serán parte del rubro de inseguridad alimentaria. Así, los conflictos bélicos, las sequías, las inundaciones y los huracanes diezman la agricultura y la ganadería, lo que provocará migraciones masivas de corto plazo.

Ursula von der Leyen, presidenta de la Unión Europea (UE), e integrantes de la misma equivocaron sus cálculos de guerra. Su economía se estaba restaurando con motivo de la secuela que provocó la pandemia. Ahora corrigieron sus posibilidades de crecimiento de 4% a 2.7%, y elevaron su previsión de inflación, lo que tiene disgustados a los europeos y al importante turismo que reciben.

Los aumentos a los precios de energía proveniente de Rusia han llegado a los máximos históricos. Pero eso sí, siguen alentando a los ucranianos a que “corran al invasor,” incluso enviando suministros de guerra o bien capacitando al ejército ucraniano como anunció el primer ministro inglés Boris Johnson.

Volodímir Zelenski, una vez más, solicitó a la comunidad internacional poner fin al bloqueo naval que Rusia impone a los puertos ucranianos en el Mar Negro.

La ONU y varios países pretenden abrir un corredor marítimo para el tránsito de las exportaciones, ¿pero ya olvidaron el bloqueo económico que la Unión Europea le impuso a Rusia; entre otras sanciones, a bancos y miembros del gobierno ruso y élite económica, incluida la congelación de activos, restricciones de viaje y la exclusión de los principales bancos rusos del sistema financiero, incluido el sistema de comunicación utilizado para todas las transacciones comerciales del suministro de energía y gas?

Las sanciones impuestos a Rusia por Estados Unidos, la Unión Europea y Reino Unido no han funcionado para cambiar las decisiones de Rusia, al obtener un resultado contrario al deseado, incluso se han radicalizado, generando una crisis alimentaria y energética de consecuencias lesivas a la comunidad internacional.

Los líderes actores de todo el conflicto bélico deberían replantearse las estrategias geopolíticas para propiciar la paz y no la guerra, pues el conflicto amenaza durar varios años con consecuencias previsibles en la política y gobernanza europea ¿y si no? Ahí esta el “golpe de timón” que dieron los franceses con Emmanuel Macron. ¿O no, estimado lector?

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