Desafíos (I): Opinión de Juan Carlos Sánchez Magallán

Las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) avanzan rápido al acelerar el conocimiento, resultado del gran flujo de información que circula en los medios digitales.

El covid-19 transformó la vida laboral, educativa, cultural, social y comercial de todas las personas; ante la necesidad de quedarse en casa, las empresas e instituciones públicas y privadas implementaron el trabajo virtual, provocando la necesaria capacitación de todos los empleados para el cumplimiento de sus tareas de trabajo mediante herramientas en línea. Gracias al equilibrio entre la vida personal y laboral se ahorró tiempo y dinero al evitar desplazarse a sus oficinas, incrementándose la productividad.

La pandemia mostró que el trabajo remoto es de la mayor utilidad y más aun cuando siguen descubriéndose nuevas cepas del coronavirus, como el ómicron, que supone mayores riesgos que otros, como el alfa o el delta.

Es así que países de Europa endurecieron nuevamente las medidas restrictivas de movilidad de las personas, para evitar su propagación. La Unión Europea (UE) prohibió el ingreso a su territorio de todos los vuelos procedentes del sur de África. “La variante ómicron preocupa porque presenta más de 30 mutaciones en la proteína de la espícula, que es la llave del mismo virus para abrir la cerradura de la célula humana”, señaló Tulio de Oliveira, director del Centro de Epidemias de Sudáfrica.

Ciertamente, el G-20, en su última reunión del 30 de octubre de 2021 en Roma, pactó el compromiso de vacunar al 50% de la población mundial, compromiso que logrará al medio año siguiente; así también la farmacéutica Pfizer liberó su patente de una píldora antiviral para covid-19, lo que posibilitará la producción masiva de su biológico al permitir que decenas de empresas productoras de fármacos genéricos produzcan millones de píldoras que habrán de inmunizar al 53% de la población mundial.

Mientras esto sucede y ante la situación de riesgo permanente de “el regreso a la normalidad”, el modelo de trabajo “híbrido” seguirá siendo el más transitado. Esto es, que los trabajadores de actividades no sustanciales dividan su semana laboral en la casa y la oficina, sin embargo, esto presenta un riesgo laboral adicional, pues existe la amenaza de la clonación y robo de datos por parte de los cibercriminales, que aprovechan los huecos de los sistemas informáticos mal configurados y las malas o nulas prácticas de seguridad de los usuarios. Estos delincuentes aprovechan la crisis sanitaria al ampliar su superficie de ataque significativamente, pues al migrar a la nube y, dependiendo de la adopción de software, infraestructuras, cuentas, sistemas, contraseñas débiles y vulnerables, usuarios que recurren a sitios públicos, que están conectados a redes inseguras, usando sus equipos o los espacios de oficina compartidos, coworking, que no tienen un espacio de acceso físico contratado.

Google reportó que en abril de 2020 bloqueó más de 240 millones de mensajes de spam diarios, con el tema de la pandemia, para enviar 18 millones de correos electrónicos de phishing con malware.

Es común que los pillos informáticos sustenten sus mensajes fraudulentos con el señuelo del ofrecimiento de ayudas económicas, premios falsos obtenidos, suplantando la identidad de empresas de reconocida marca o instituciones prestigiadas, además de utilizar la tecnología del machine learning, un software de inteligencia artificial que escudriña los patrones de comportamiento de los usuarios, originalmente para el diseño de campañas comerciales.

Esto les permite conocer mejor a sus víctimas e identificar el momento más oportuno para realizar un ataque, secuestrando la información de personas y empresas que se ven obligadas a pagar un rescate para liberar su información (ransomware). Desafíos, ambos, el sanitario e informático, para la ciencia, ¿o no, estimado lector?

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