Discriminación: Opinión de Juan Carlos Sánchez Magallán

Discriminar significa seleccionar excluyendo, hacer sentir inferior a una persona o un grupo de personas, éste puede ser por su origen étnico, nacionalidad, religión, edad, género, preferencias sexuales o políticas, condiciones de salud (discapacidades), estado civil o por las opiniones expresadas.

Para evitar la discriminación, la ONU conmemora cada año a los 69 africanos asesinados en 1960 en Sharpeville, Sudáfrica, al manifestarse en contra del Apartheid, política de segregación impuesta por los blancos colonizadores que llegaron al continente africano.

La discriminación racial se ha registrado a lo largo de la historia como consecuencia de la conquista y la dominación que han realizado los países o naciones predominantes. El concepto de raza se desarrolló en los imperios europeos, a causa de su sed expansionista, durante los siglos XVI al XX.

La colonización española en América clasificó a los habitantes en tres razas puras: blanca, negra e indígena, las cuales, al mezclarse entre sí, dieron forma al sistema de castas: mestizos, chinos, zambos, mulatos, etcétera.

Dicho de otra manera, se trata de actos hostiles hacia una persona o un grupo de personas que pertenecen a un grupo social determinado, motivados por diferencias culturales y genéticas. Esto genera la percepción de inferioridad en unos y la superioridad en otros.

El racismo está íntimamente vinculado al clasismo, pues el statu quo es utilizado por algunos miembros de la escala social alta para diferenciarse de los segmentos medios y bajos de la sociedad, en función, principalmente, de los ingresos económicos. Por ello, para algunos, pertenecer al jet set o ser miembros de la nobleza les implica la imposibilidad de mezclarse con el pópulo.

Existen las minorías étnicas, culturales, lingüísticas y religiosas en el mundo, que son víctimas de prácticas que constituyen graves violaciones a sus derechos humanos. Son millones de personas en el mundo que viven y padecen discriminación.

La fundación World Watch refiere que cerca de 200 millones de personas cristianas son perseguidas en el Sureste Asiático y Oriente Medio. Los indígenas en América Latina son comunidades minoritarias y enfrentan hechos intolerantes, como el robo de sus tierras, según Survival International.

En pleno siglo XXI, la discriminación racial sigue imponiéndose; qué decir del usufructo de tierras valiosas, donde los grandes corporativos multinacionales se constituyen para seguir saqueando metales y minerales valiosos, como el oro, la plata o el litio, este último ahora tan preciado por las empresas fabricantes de pilas y baterías que requieren los instrumentos tecnológicos de última generación, incluidos los automóviles híbridos.

Así, encontramos a la discriminación en las oficinas públicas y privadas, con los educandos en las escuelas particulares, en los asuntos de justicia, por la corrupción existente, en los bares y antros de los jóvenes, en el acceso a servicios sanitarios, bancarios o de cualquier tipo; en general, con las personas con discapacidad, y adultas, niñas, niños, jóvenes, personas indígenas, con VIH, no heterosexuales, con identidad de género distinta a su sexo de nacimiento, personas migrantes, refugiadas, entre otras, son más propensas a vivir algún acto de discriminación.

En esta época de radicalismo y exacerbación de las ideas, sólo con tolerancia, inclusión, respeto a la pluralidad y a la diversidad en los gustos y preferencias de las personas se logrará saldar conflictos y brechas existentes; impulsando la culturización y equipamiento educativo de individuos y colectivos sociales. Sólo así lograremos evitar la discriminación para el desarrollo pleno de las sociedades modernas, ¿o no, estimado lector?

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