Globalización: opinión de Juan Carlos Sánchez Magallán.

Las tecnologías de la información han sido fundamentales para el desarrollo de la economía, la educación, la cultura y, en general, para el desarrollo de la vida de todos los habitantes del globo, de manera especial en lo relacionado con las actividades laborales.

La pandemia nos obligó a redimensionar el trabajo y a convertir a nuestros hogares en centros sustitutos del trabajo que realizamos en oficinas públicas y privadas.

Afortunadamente existen acuerdos y programas internacionales que tutelan el tema de justicia social para impulsar una globalización laboral equitativa.

La Organización Internacional del Trabajo en su resolución 2004 relativa a una “Globalización justa para crear oportunidades para todos”, la de 2005, en relación con  “Empleo pleno, productivo y decente para todos, en particular para las mujeres y los jóvenes” y la de 2007, referente a la “Revisión trienal amplia de la política y actividades operacionales de la ONU”, antecedentes para reafirmar la determinación expresada en la declaración del milenio de asegurar que la globalización se convierta en una fuerza positiva para las personas del mundo entero. Resoluciones para reiterar las condiciones de decoro y dignidad al empleo pleno y productivo, y al trabajo decente que requiere una revisión multidimensional que incluya a los gobiernos, sector privado, sociedad civil, organizaciones no gubernamentales, representantes de las organizaciones patronales, de trabajadores, organizaciones internacionales, instituciones financieras internacionales y, desde luego, los organismos del sistema de las Naciones Unidas.

Es aspiración universal de justicia social tener empleos dignos y bien remunerados. La pandemia propició desde 2020 nuevos acuerdos de trabajo a distancia obligando a millones de empresas en el mundo a redimensionar sus esquemas de operación para superar la crisis sanitaria y salir adelante. Esto gracias a la economía digital sustentada en la conectividad a la banda ancha, la nube informática y la proliferación de programas digitales. Sin embargo, se agravaron las desigualdades existentes, pues muchas personas no tienen acceso a la información vía internet. No debemos sorprendernos, pues sabemos de los efectos en la salud, la seguridad y la vida de las personas. La crisis económica afecta a los diversos segmentos de la sociedad, los más débiles y vulnerables de la escala social, profesionistas, empresarios medios y pequeños.

La desigualdad se enfrenta con programas públicos que ayudan a los más pobres y vulnerables. Por ello, la importancia de los programas sociales de la administración del presidente López Obrador, que impulsan el bienestar, ayudando a millones de connacionales a mejorar su calidad de vida; así, Sembrando Vida, Personas Adultas con Discapacidad, Becas para el Bienestar en las escuelas, Jóvenes Construyendo el Futuro, desarrollo urbano, y los de vivienda y todos los del bienestar que ayudan a paliar esta época difícil y todavía más en esta línea de equidad universal en la ONU. Nuestro país presentó una ambiciosa iniciativa humanitaria ante el Consejo de Seguridad, que mucho gustó a más de 100 países de la comunidad internacional para apoyar a los más de 720 millones de personas del globo, que viven en extrema pobreza, al vivir con un dólar al día.

La idea consiste en crear un fondo de un billón de dólares que administraría la ONU a integrarse con 4% de las ganancias de las empresas multinacionales y 2% de los países integrantes del G-20. Ciertamente, la globalización y el desarrollo social están abriendo oportunidades nuevas con las tecnologías de la información. Cuidar las relaciones de trabajo virtual son importantes, pues contribuyen al desarrollo de la economía mundial, mejora el nivel de vida de todas las personas e incrementa la salud y la seguridad de todo el género humano. ¿O no, estimado lector?

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