Nuestro reto; Opinión de Armando Salinas Torre

Reasumir nuestra responsabilidad ciudadana frente a la crisis. Si bien es cierto que es responsabilidad del Estado prestar el servicio público de seguridad, educación, salud pública, entre muchos otros, también es cierto que debemos formar ciudadanos que ejerzan sus derechos, demandando el cumplimiento de las obligaciones del Estado.

Ya hubo quienes demandaron y obligaron al Estado a vacunar a los menores de edad, a pesar de la lamentable postura inicial del gobierno federal de que los menores no tenían riesgo de salud.

Nuestro país requiere de demócratas para consolidar la democracia. Necesitamos formar ciudadanos demócratas que exijan la transparencia de la información pública y la rendición de cuentas, del cumplimiento de los deberes en materia educativa, no sólo en materia de seguridad pública, como ya ha sucedido para obligar a los ministerios públicos a investigar. En ese sentido, también debemos demandar de todos los servidores públicos, independientemente del origen partidista, el cumplimiento de sus obligaciones.

Al respecto, necesitamos que se formen verdaderos cuadros profesionales en el diagnóstico, diseño e implementación de políticas públicas eficaces y congruentes con un verdadero Estado democrático de derecho.

Es evidente que, ante los fracasos del gobierno federal, debemos estar preparados en el mediano y largo plazo, para no fallar en la alternancia a un país de mexicanos emprendedores, aspiracionistas, fifís o chairos, conservadores de valores y verdaderos patriotas.

El verdadero reto está en participar y sacrificar un poco de nuestro tiempo por hacer algo por nuestra comunidad, nuestro país.

Hace cuatro años, una parte importante de la clase media y del sector empresarial votó por “ya saben quién”.

No obstante, se ha criticado a la clase media por ser “aspiracionista”, por aspirar a una educación en el extranjero, aspirar a casas de lujo, incluso en el extranjero. Cabe destacar que parte importante de la clase media ha perdido sus empleos, disminuido sus ingresos y, efectivamente, también están en grave riesgo sus aspiraciones.

Dentro de este segmento de la clase media se encuentran miles de periodistas que han expuesto sus vidas, su integridad física y su dignidad haciendo, simple y sencillamente, su trabajo.

Situación similar, aunque afortunadamente menos letal, es que ha sido agredido y acusado pública y penalmente el sector académico y de investigación científica, bajo argumentos verdaderamente indignos; incluso se ha acusado discursiva y mediáticamente de conservadora a la máxima casa de estudios del país; también se han realizado acusaciones penales indebidas a exfuncionarios e investigadores del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología; se aniquiló la autonomía académica del Centro de Estudios de Docencia Económica (CIDE), uno de los Centros de Estudio e Investigación más importantes del país.

En ese mismo contexto, miles de pequeños y medianos empresarios y sus empleados han padecido el abandono del actual gobierno, incluso se cancelaron contratos públicos, sin importar que se afectara, por ejemplo, la compra y distribución de medicamentos, poniendo en riesgo a los niños con cáncer (por destacar a quienes se han manifestado, a pesar de las inhumanas descalificaciones del deleznable subsecretario que debería velar por la salud).

Lamentablemente, la alternancia le ha quedado a deber al país. Se incrementó la pobreza, la deserción escolar, la deficiencia en los servicios de salud, el número de homicidios intencionales, la inseguridad en el país, el precio de los productos más importantes y no se terminó con la corrupción.

Somos un ejemplo de lo que no se debía hacer para enfrentar la pandemia, construir una refinería (doblemente cara e inviable), comprar otra refinería en el extranjero, a contracorriente de la apuesta del mundo y de lo que deberíamos hacer en cuestión de energías limpias.

El reto es formar los cuadros de la próxima alternancia partidista.

El Excélsior

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