Se cumplen 25 años de la muerte de Diana de Gales.

a pasado un cuarto de siglo desde la fatídica madrugada en la que murió Diana de Gales, justo cuando se cumplía un año de su divorcio con el príncipe Carlos, justo cuando empezaba a mostrar al mundo su personalidad al margen de la Casa Real británica y su capacidad como figura humanitaria. 

Es posible que Diana no fuera la que mejor hiciera el trabajo, teniendo en cuenta que su papel establecido era el de velar exclusivamente por los intereses del Estado y ejercer de «comparsa» del heredero, es decir, tenía que brillar, pero no mucho y decidir más bien poco.

Sin embargo, Diana, al principio de forma inesperada e inocente y después con plena conciencia de ello, hizo justo lo contrario. Diana se bajó al barro, se quitó los guantes para tocar a la gente y luchó por tener una agenda autónoma propia centrada en las causas que para ella eran importantes. 

En ese camino -que duró apenas 16 años- descubrió un talento innato para empatizar con la gente y la gente le adoraba, el público sentía su dolor, sus desafíos y sus alegrías, y así fue como Diana de Gales no solo eclipsó al heredero, eclipsó a la Reina y a todo un sistema con normas que ella puso a prueba. Su prematura y trágica muerte generaron espontáneas y desorbitadas muestras de dolor en todo el mundo y así fue como ingresó en el universo de personalidades deslumbrantes, que nos identifican, que generan sensaciones y que perduran para siempre, en definitiva, cuando Diana murió se convirtió en eterna y en el icono de princesa del siglo XXI.

Ha pasado un cuarto de siglo desde la fatídica madrugada en la que murió Diana de Gales, justo cuando se cumplía un año de su divorcio con el príncipe Carlos, justo cuando empezaba a mostrar al mundo su personalidad al margen de la Casa Real británica y su capacidad como figura humanitaria. Es posible que Diana no fuera la que mejor hiciera el trabajo, teniendo en cuenta que su papel establecido era el de velar exclusivamente por los intereses del Estado y ejercer de «comparsa» del heredero, es decir, tenía que brillar, pero no mucho y decidir más bien poco.

Sin embargo, Diana, al principio de forma inesperada e inocente y después con plena conciencia de ello, hizo justo lo contrario. Diana se bajó al barro, se quitó los guantes para tocar a la gente y luchó por tener una agenda autónoma propia centrada en las causas que para ella eran importantes. En ese camino -que duró apenas 16 años- descubrió un talento innato para empatizar con la gente y la gente le adoraba, el público sentía su dolor, sus desafíos y sus alegrías, y así fue como Diana de Gales no solo eclipsó al heredero, eclipsó a la Reina y a todo un sistema con normas que ella puso a prueba. 

Su prematura y trágica muerte generaron espontáneas y desorbitadas muestras de dolor en todo el mundo y así fue como ingresó en el universo de personalidades deslumbrantes, que nos identifican, que generan sensaciones y que perduran para siempre, en definitiva, cuando Diana murió se convirtió en eterna y en el icono de princesa del siglo XXI.

Se cumplen ahora 25 años desde su última noche, de ese sábado 30 de agosto de 1997 en el que Diana de Gales llegó a París con Dodi Al Fayed, hijo del multimillonario egipcio Mohamed Al Fayed. Se habían detenido allí de camino a Londres, después de haber pasado nueve días navegando por aguas francesas e italianas a bordo del Jonikal, el yate del empresario.

El plan de esa noche era dormir en la capital francesa, hay que recordar que Al Fayed «padre» es el propietario (entre otras cosas) del mítico Hotel Ritz de París, en el número 15 de la Place Vendôme, cerca de allí los Al Fayed también tenían un apartamento, concretamente en la rue Arsène Houssaye, al lado de los Campos Elíseos. En el recorrido, de menos de cuatro kilómetros, que une esos dos puntos, Diana perdió la vida.

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